Biografía

Proveniente de una familia acaudalada y con muchas influencias dentro del poder político y económico, Christian Von Wernich (Queque) nació el 27 de mayo de 1938 en una hermosa casona de San Isidro, Provincia de Buenos Aires. Hijo de Susana Martínez Castro Videla y Guillermo Von Wernich, era el cuarto hermano entre 4 mujeres y seis varones; Elena, Susana, Guillermo (Guillo), Queque, Alejandro, Enrique, Cristina, Ricardo, Carlos y Silvina. Cuando Queque tenia dos años toda la familia se mudó a una hermosa casa en la esquina de Alvear y Quintana, de la ciudad de Concordia, Provincia de Entre Ríos, ya que su padre se dedicaba a la forestación de Eucaliptus y cítricos en esa zona. Completó su educación primaria en una escuela de Monjes Capuchinos. Al terminar la escuela secundaria ingresó en el seminario de Buenos Aires pero fue expulsado al poco tiempo.

Hernán Brienza dice en “Maldito Tú Eres”, Iglesia y Represión ilegal:

Definido ya como un “señorito alemán” de clase media alta, tenía por costumbre refugiarse en el Club “Progreso”, un palacete ubicado en calle Pellegrini al 800, con piscina y jardines franceses, donde la aristocracia concordiense podía ocultar su “olor a bosta”. Claro que no todos podían acceder al Club, pues se tenía que pertenecer a la aristocracia agrícola – ganadera o a la alta alcurnia y su método eficaz de selección era mediante bolillas. Los votos de aceptación por parte de los ilustres socios, se hacían mediante las bolillas “blancas” y el rechazo con bolillas “negras”.

Por esos años el “Queque” comenzó a referenciarse con los “niños bien” de la Acción Católica, lo que lo hizo relacionarse con el sacerdote Raúl Sánchez Abelenda, conocido a través de su postura teológica reaccionaria, amigo de la Cruz y la Espada.

Al estallar la Revolución Libertadora (Fusiladora), que derrocó a Perón en septiembre del 55, su padre Guillermo, se dispuso a festejar a lo que ellos llamaban la segunda “Tiranía”. A los cuatro días del Golpe Militar, las hordas civilizadoras de la “gente decente”, no dejaron estatuas, cuadros, ni bustos en pie de Perón y Evita, aparte de las duras golpizas a algún militante peronista que se animó a enfrentarlos. Luego de la “cacería”, los ilustres ciudadanos de Concordia, se juntaron en el Salón del Club “Progreso”, revestido en boiserie, para festejar con un brindis el triunfo de las “sanas” costumbres políticas.

Luego del triunfo vinieron las peleas internas por el “botín de guerra”, como ocurría a nivel nacional, la Libertadora (fusiladora), nucleaba a socialistas, comunistas, radicales, nacionalistas oligárquicos y conservadores. Concordia por ese entonces, poseía la segunda Sociedad Rural después de la filial de Palermo y un poder importante lo constituía la masonería, que entró en franco enfrentamiento con el sector nacionalista oligárquico católico del cual, el “Queque” se sentía representado. De allí fueron las primeras persecuciones de los “cruzados” contra los masones. Es así, que el gobierno de facto, nombró rector del por entonces Colegio Nacional, a Rafael Dickestein, judío y masón, lo que provocó una dura reacción en los muchachos falangistas conducidos por Sánchez Abelenda. Christian y Guillermo Von Wernich, entran en escena atacando por todos los medios a Dickestein, con bombas de alquitrán, amenazas y hasta trataron de arrollarlo con un jeep en plena plaza 25 de Mayo de Concordia.

La otra “cruzada” de los hermanitos Von Wernich, se produjo en el año 1958 durante el gobierno de Arturo Frondizi, durante el conflicto educativo entre “libres” y “laicos” y en Concordia se resolvió de la única manera: “a las piñas”, usando como armas cadenas de púas, manoplas de hierro y garrotes.

Los enfrentamientos fueron entre los nacionalistas católicos de la derecha confesional, liderada por Sánchez Abelenda, con el apoyo de los Von Wernich, y los masones aliados a la izquierda comunista. Los primeros abogaban por la “libre” y los segundos por la “laica”. Estas fueron las hazañas del “Queque”, en aquellos años mozos. Con el pasar de los años muchos de sus compañeros de ruta partieron a estudiar a la universidad y él optó por la incursión en los territorios de la fe y se inscribió en el Seminario de Buenos Aires, pero a los dos años de su carrera sacerdotal volvió imprevistamente a Concordia. Según comentarios eclesiásticos, al “Queque” lo echaron por llegar una noche “borracho como una esponja” y luego de destrozar completamente la habitación que tenía asignada por el Seminario.

Durante varios años Von Wernich anduvo viajando por el mundo. Estados Unidos, países de Europa, conociendo en particular, Alemania, país que le había legado su apellido. Con su pinta de varón, hasta llegó a conquistar a la “Miss Argentina” de aquella época. Hacia fines de los años 60 intenta nuevamente volver a la fe en el Seminario de La Plata, pero también lo abandonó. Tuvo un paso fugaz por la Secretaría de Turismo de la Nación. Pero se cansó muy rápido y renunció al año. Hasta que a finales de 1972, decidió por tercera vez intentar ordenarse de sacerdote y volvió a Concordia para comunicar a sus familiares y amigos su opción. En la confitería Colón, conocido actualmente como Café – Bar “Cristóbal”, frente a la plaza principal, un amigo suyo le preguntó el porqué siempre insistía con eso de “meterse de cura”, después de todas las trapisondas que había cometido. El “Queque” lo miró y sonriente le dijo “porque es el único empleo en el que se trabaja un día y se descansan seis”.

El 31 de marzo de 1974, Christian Von Wernich, se ordenaba de sacerdote y lo celebró en la sede del Sindicato de Empleados de Comercio de la localidad de Nueve de Julio, junto a sus padres y sus hermanos, ya tenía por entonces 35 años.

La relación del “Queque” con el represor Ramón Camps, viene a través de una de sus hermanas. Susana, quién su belleza estaba predestinada a un príncipe azul, se había casado con un oficial del Ejército Argentino, el coronel Manuel Alejandro Morelli, quienes vivían en la ciudad de Paraná y tenían además una excelente relación con el arzobispo y luego vicario castrense, Adolfo Tortolo.

Camps y Von Wernich se conocen personalmente en una reunión familiar organizada por su hermana en Paraná. El sacerdote y el coronel se entendieron de maravillas desde el primer momento. El “Queque” se convertiría en el confesor personal del coronel, y Camps en el hombre que le abriría las puertas del infierno. Al fin de cuentas, la serpiente ya había salido del cascarón.

Después de un paso fugaz por la Facultad de Medicina y de un viaje a Estados Unidos y Europa, se ordenó como cura en el Seminario de La Plata. Su primer destino fue la ciudad de 25 de Mayo. Por entonces ya viajaba todas las semanas a La Plata, según él mismo contó a la revista Siete Días.

Conocía a Camps porque ambos eran entrerrianos y, con el tiempo, se convirtió en su cura de confianza. Von Wernich era, además, capellán de la policía.

“Yo conocí a Von Wernich mientras estuve detenido -relató el testigo Luis Velasco a la prensa-. Lo pude ver porque él nos hablaba frente a frente, nos decía que nos sacáramos la venda. Lo escuché defender la tortura, el asesinato y el robo de bebes.”

En 1977, Velasco estuvo preso un mes en la comisaría quinta de La Plata. Entonces, relata, conoció al capellán: “¡Era terrible! Nos decía que no teníamos que odiar a quienes nos torturaban porque lo merecíamos como castigo por el gran daño que le habíamos hecho a la sociedad. Y todo a cara descubierta. Nunca se ocultó”.

Varios ex detenidos declararon haber convivido con Von Wernich en cárceles clandestinas. Entre ellos, el periodista Jacobo Timerman. Los relatos de aquellos cuentan que el cura forjaba relaciones de confianza con los detenidos para convencerlos de que declararan. En la causa judicial se lo acusó incluso de haber oficiado como nexo entre los presos y sus familias, a las que en algún caso les cobró -según las acusaciones- para pagar pasajes que sacarían a los presos del país, pero esos viajes no se concretaban.

En el legajo 683 de la Conadep, el policía Julio Emmed da cuenta de una “operación” de la que participó junto con el cura, que terminó con el homicidio de tres detenidos, que fueron abandonados en un descampado. “Von Wernich me habla de una forma especial por la impresión que me había causado lo ocurrido; me dice que lo que habíamos hecho era necesario, que era un acto patriótico y que Dios sabía que era para bien del país”, relató Emmed.

Con el regreso de la democracia, la suerte de Von Wernich empeoró. En 1984 estuvo preso siete días en la Cámara de Diputados por haber dicho que los legisladores hacían “todo para que volvieran los militares”. Hacía poco que la Conadep lo había denunciado por violaciones de los derechos humanos cuando Von Wernich concedió la entrevista que le valió la detención.

En 1988, su traslado a Bragado dividió a la ciudad. La parroquia de Santa Rosa de Lima, su nuevo destino, estuvo casi vacía durante meses y el 26 de noviembre de 1988 unas 1500 personas marcharon para repudiarlo.

Fue exonerado como capellán de la policía bonaerense en 1985. No se sabe que haya recibido sanción alguna por parte de la iglesia. Sí que fue trasladado a Chile y que allí dio misa hasta poco tiempo antes de su detención en La Plata, en septiembre de 2003.

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